DESC-ONOCIENDO A LAS LESBIANAS, Algunas reflexiones en torno a la exigibilidad de los derechos económicos, sociales y culturales de las lesbianas en Colombia

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La invisibilidad de las lesbianas agudiza la violación de sus derechos

El silencio por parte de la comunidad internacional ante los Derechos económicos, sociales y culturales de las lesbianas se hace evidente en el pacto mismo. De hecho el último informe alterno suscrito por las ONG colombianas ante las Naciones Unidas en 1995, ni las lesbianas, ni los homosexuales fueron mencionados. Y aquí retomamos una solicitud de la Comisión Internacional para los Derechos Humanos de lesbianas y Gays: "A menos que las organizaciones de Derechos Humanos y de mujeres reconozcan estos temas como propios, van a continuar siendo cómplices del silencio que permite que ocurran violaciones contra los Derechos Humanos de las lesbianas y de otras minorías sexuales".

La invisivilización de las lesbianas refleja la poca importancia que tiene el tema no sólo entre la oficialidad de Naciones Unidas, sino también de los mismos organismos alternativos encargados de reivindicar los derechos de los "oprimidos". Así mismo, refleja como los ordenamientos jurídicos, no han elevado al rango de Derechos Humanos fundamentales algunos aspectos de nuestras vidas, tales como la expresión libre de la sexualidad. Este silencio afecta los derechos fundamentales de las personas, teniendo en cuenta que tradicionalmente la sexualidad ha sido un instrumento de dominación sobre amplios sectores de la población.

Ahora si bien es cierto que existen pocos casos documentados, de violación a los derechos de homosexuales y lesbianas, no es por inexistencia, sino porque la invisibilidad que rodea al lesbianismo acentúa mucho más la dificultad para sistematizar dichas violaciones. Rachel Rosembloom, argumenta que esta misma invisibilidad, es en sí una violación de los Derechos Humanos y por lo tanto debemos dejar de ver el silencio como AUSENCIA, para más bien verlo como la presencia de una gran cantidad de obstáculos.

Podríamos aventurarnos a decir que estas condiciones de existencia, generan en lesbianas y homosexuales, niveles bajos de autoestima, menos capacidad de liderazgo, poca participación, menores posibilidades asumirse como sujetos de derechos, en tanto vivimos culposamente nuestra orientación sexual. Lo anterior, nos lleva a afirmar que en general los homosexuales como colectivo, hemos sido un grupo altamente desempoderado, lo cual riñe con una Política Social que cada vez más, requiere sujetos participativos, que asuman su propio desarrollo, con altos niveles de competencia y control de los recursos públicos. En otras palabras, mientras por un lado se populariza un discurso de empoderamiento personal y colectivo como base de una política social eficiente, por el otro se condena a la invisibilidad a gran número de hombres y mujeres, es decir a su exclusión de la política pública.

De necesidades a Derechos

Las lesbianas y en general todos aquellos que tengamos una orientación sexual distinta a la heterosexual, requerimos de enunciados legales que explícitamente condenen cualquier tipo de discriminación en razón de la orientación sexual, como se hizo para otras poblaciones discriminadas en razón de su sexo, edad, raza, religión o etnia, etc. Esta sería una herramienta legal fundamental a la hora de reclamar ante cualquier violación, lo que a su vez impediría que la discriminación implícita, dejara de tener soportes legales implícitos.

Así mismo, aunque sabemos que en este país las medidas especiales de discriminación positiva, o acciones positivas no gozan de amplia aceptación, guardamos la ilusión de que algún día los homosexuales y lesbianas contemos con medidas de este tipo que garanticen la igualdad frente al acceso a los derechos. Medidas especial que obviamente no deben usarse como pretexto para dar un conjunto de derechos inferiores a determinado grupo.

Muchas veces aunque no haya discriminación explícita hacia los homosexuales y lesbianas en las leyes, es común encontrar palabras alusivas a la moral, las buenas costumbres y respeto al contexto, lo que muchas veces sustenta acciones en contra de los homosexuales y lesbianas, por lo que sugerimos que estas palabras sean utilizadas con mucho rigor, porque son demasiado ambiguas y se prestan para que los prejuicios sociales primen sobre la aplicación de los Derechos Humanos.

El panorama de las lesbianas colombianas ante los Derechos Económicos, Sociales y Culturales es el siguiente:

Educación: La educación es una de las instituciones mas importantes de socialización, sobre sexualidad. En gran parte de los colegios colombianos la moral católica prima, lo que implica que el tema del lesbianismo no existe como tal y cuando se menciona se hace aludiendo a perversión y enfermedad. Existe presión implícita y explícita por parte del sistema educativo, hacia una educación heterosexista en exclusividad, donde no se muestra a los alumnos y alumnas opciones distintas al modelo tradicional de familia nuclear, blanca, heterosexual, católica, de clase media.

Dentro del curriculum, si bien ya no se trata la homosexualidad como una desviación, existe un curriculum oculto que de acuerdo a la moral y las buenas costumbres comete ú omite algunas arbitrariedades. Así mismo, la experiencia de gays y lesbianas no hace una imagen positiva, ni constituye como tal un modelo para imitar.

Aunque la Corte Constitucional falló a favor de que la homosexualidad no es impedimento para el ejercicio docente, prevalece entre la comunidad educativa (docentes, estudiantes, padres de familia y personal administrativo) y el país en general, la idea de cómo dejar en manos de "perversos" las futuras generaciones del país. Lo que responde al prejuicio de que las lesbianas y homosexuales vamos a seducir y pervertir a nuestros alumnos.

Finalmente, es común pensar que los docentes son asexuados ante sus alumnos y alumnas, pero de hecho sabemos que se presume su heterosexualidad, además las prácticas cotidianas, en su gran mayoría transmiten una cultura heterosexista. Por su parte los alumnos no deben, por su propia seguridad, expresar públicamente afectos homosexuales.

Salud: En este país donde se consagra internacionalmente respetar el derecho a la vida y al más alto nivel de la salud física y mental, preguntémonos qué tipo de vida digna o salud mental puede llevar una lesbiana si no puede expresarse como tal, es decir cuando no se permite lo mínimo, como es la asunción de una identidad sexual.

No contamos con atención especializada para lesbianas, lo que lleva a que muchas veces, se hagan diagnósticos errados por parte del personal de salud, que presupone la heterosexualidad de las consultantes y las atiende como tales. No se dispone de información específica sobre conductas de riesgo entre lesbianas, como parte de las consejerías sexuales, porque todas van orientadas hacia las Enfermedades de Transmisión Sexual entre personas de distintos sexos y hacia las enfermedades propias del aparato reproductivo.

La violencia intrafamiliar, hasta ahora ha sido un tema considerado como exclusivo de parejas heterosexuales, dejando de lado las causas específicas de la violencia doméstica entre homosexuales, que unidas a la falta de legitimidad, angustia y soledad agudizan las consecuencias.

Teniendo en cuenta que ni siquiera podemos formar una familia legítimamente constituida, pues la Constitución Nacional explícita que la conformación de una familia sólo puede hacerse por la pareja de un hombre y una mujer, preguntémonos: ante quién solicitar ayuda legal o asistencia de la policía, por violencia intrafamiliar entre homosexuales, si dichas familias no existen legalmente? No es evidente entonces cómo la desigualdad viola el derecho a la vida y a la salud física y mental y cómo el Estado lo permite?

Seguridad Social: Si partimos que legalmente la pareja gay-lésbica no existe, podemos inferir que todos los derechos que en materia de seguridad social tienen las parejas heterosexuales, no pueden ser disfrutados por los homosexuales. Este renglón es importante, porque nuevamente es la familia heterosexual la unidad sobre la cual se basa el sistema ofrece sus paquetes de servicios, así que resulta más costoso para nosotros y nosotras pagar doble afiliación al Sistema de Salud, cuando podríamos obtener servicios como beneficiarios-as de nuestro compañero o compañera.

De otro lado, entre los temores más sentidos por parte de homosexuales y lesbianas es la vulnerabilidad a la que nos vemos sometidas ante la inexistencia de legislación civil y de familia que reglamente nuestros derechos, dejándonos a la buena voluntad de cada quien. Así ante la muerte de nuestra compañera, al no existir reconocimiento formal de la unión, se niega el derecho a heredar los bienes o a recibir una pensión, los cuales van directamente a la familia de origen o a los hijos en exclusividad.

Vivienda: Si bien no existen leyes que impidan la tenencia de vivienda, por parte de homosexuales, actualmente las políticas públicas focalizan grupos de población prioritarios, dentro de los criterios de focalización se encuentran variables como: el tipo de familia, los niveles de dependencia económica, el estrato socioeconómico. De esto podemos deducir fácilmente que los homosexuales no somos grupos de especial atención y que muy seguramente ocupamos los últimos renglones de los posibles beneficiarios, teniendo en cuenta que legalmente no podemos ni adoptar o tener hijos como homosexuales, ni constituir una familia.

De otro lado, acceder a un contrato de vivienda explicitando que será para la convivencia de una familia homosexual, es poco probable. Muchos de nuestros amigos y amigas comparten un apartamento como pareja en la intimidad, pero como amigos ante la agencia arrendadora o los propietarios. Pues el imaginario que ronda al homosexualismo es que asociado a esta orientación, vienen otros comportamientos como el consumo de alcohol y otras drogas, la violencia, la pornografía, el escándalo, y los dueños consideran que promoverían estos problemas facilitando la convivencia de homosexuales en sus propiedades.

Empleo: Aquí compartimos con las mujeres heterosexuales la discriminación de género frente al empleo, es decir bajos salarios, posiciones ocupaciones bajas y ocupaciones de menos status, sin embargo debemos sumar a esto, las políticas salariales que siguen pagando salarios a los hombres como proveedor principales de la familia, así es que en una familia lésbica tendríamos dos salarios secundarios, lo que incide directamente en nuestra calidad de vida.

Sabemos que en este país no se selecciona o despide a nadie de su empleo en razón de su orientación sexual, pero también sabemos que existen formas disfrazadas de hacerlo, que obstaculizan nuestro derecho al trabajo. El empleo es uno de los espacios donde más se obliga a las lesbianas a heterosexualizarse, pues su orientación puede someterla a chantaje o acoso sexual, para no perder su empleo, sin contar que existen menos posibilidades de denunciar situaciones como éstas.

Consideramos que este punto es uno de los más sensibles, ya que nuestra sobrevivencia depende del trabajo en exclusividad, en tanto las redes sociales de apoyo para homosexuales a menudo son reducidas o nulas.

Otras veces la condición de homosexual se utiliza como argumento para negar oportunidades de ascenso, pues al subir en las escalas ocupacionales la imagen heterosexual es imperativa. La pareja lésbica no sería bien vista, ante el sinnúmero de compromisos sociales y asuntos paralelos, que representa en muchas ocasiones una vinculación laboral, hablamos de reuniones sociales, Navidad, eventos recreativos, cocteles y demás.

Además de esto, algunos empleos están vetados socialmente para lesbianas que se asuman públicamente: como es todo lo relacionado con el cuidado de niños, la docencia, la administración de personal o la política, entre otros. Por ejemplo, imaginemos la situación de una candidata presidencial lesbiana. (Gráfica)

Mientras que hay mayor permisividad, basada en imaginarios sociales que consideran algunas carreras típicamente homosexuales o lésbicas, por ejemplo Ingeniarías, arte y diseños de todo tipo, donde es posible encontrar homosexuales y lesbianas que asumen su vida abiertamente y afirman que no se sienten discriminados.

Cultura: Queremos hacer visible qué tipo de cultura se está promoviendo en Colombia, si constantemente todos los espacios de socialización y promoción de la cultura, desde la familia, hasta los medios masivos de comunicación hacen alusión a la cultura heterosexual y a roles de género extremadamente rígidos. De esto dan cuenta las librerías, cinemas, teatros, espacios recreativos, canciones, el folklore nacional, la historia oral transmitida de generación en generación, el conocimiento académico, el saber popular y los programas de televisión en general, pero particularmente los aptos en horarios familiares. En otras palabras no se nos permite participar en la vida cultural, como se reglamenta en el Pacto.

Por cultura también entendemos el uso y apropiación del espacio público, como la calle los sitios de recreación, entre otros. Obviamente ya muchos y muchas pueden decir que los homosexuales son tolerados dentro de la cultura colombiana, por el hecho de que existen bares de gays y lesbianas. A esto podemos responderles que este público gay/homosexual, no equivale al mismo público heterosexual, sino que como afirma Nancy Fraser13, constituye un contrapúblico subalterno, en tanto qué tan público pueden considerarse espacios que aíslan personas iguales, que no se discriminan entre sí14, claro está que ustedes deben compartir con nosotras la idea que los bares gay no existen precisamente por tolerancia, sino por exclusión, y más que espacios de libertad, son espacios de refugio a los que nos ha llevado la intolerancia.

Los "espacios públicos" de entre homosexuales, no dejarán de ser privados, en tanto no contemos con espacios deliberativos sobre nuestros deseos, objetivos, derechos y experiencias con otros diferentes a nosotros. El tema de la homosexualidad requiere debate y confrontación con otros sectores.

Finalmente, creemos que el Estado debe prestar atención al discurso homofóbico que poseen la mayoría de las religiones, aún cuando piden tolerancia por su credo religioso. Teniendo en cuenta que la tolerancia religiosa va, hasta donde sus posiciones no lesionen los derechos de los otros, sabemos que estos discursos asumidos como dogmas, pueden conllevar acciones discriminatorias hacia los homosexuales y lesbianas.

Para concluir solicitamos a la Plataforma DESC que la orientación sexual se convierta en un eje de discusión y acción, para empezar a poner en práctica la voluntad política que han mostrado hoy, al tener esta sesión e incluso hacer una presentación sobre el tema. Sabemos que no había sido abordado previamente, o por lo menos así lo demuestra el último informe alternativo, por lo que sugerimos la importancia de hacer un seguimiento a la problemática lésbica y homosexual a través de indicadores que reflejen su posición y condición frente a los DESC, así como incluir en su estrategia pedagógica y política el tema de la orientación sexual.

Nuestros objetivos a corto y mediano plazo son por lo menos acceder en igualdad de condiciones con otros sectores a los derechos existentes, porque todavía no nos hemos inventado mejores, pero sin perder de vista que el objetivo final es crear mejores mundos donde cada uno y cada una pueda desarrollar su peculiar estilo de vida, por raro que éste parezca a la mayoría.

Obviamente la construcción de este proyecto democrático es imposible hacerla desde la óptica de una sola diferencia, se requiere de alianzas estratégicas con sectores con mayor poder y reconocimiento, que ayuden a poner en debate público nuestras necesidades, pero ante todo necesitamos sectores con mucha sensibilidad a la discriminación. No olvidemos que lesbianas y homosexuales hemos estado al lado de muchos heterosexuales luchando por derechos para todos y todas, es hora entonces que los heterosexuales asuman como suyas las reivindicaciones de muchos hombres y mujeres que necesitan reconocimiento de su diversidad y espacios para ejercerla.

Permítannos terminar con un homenaje a una pequeña amiga nuestra de 10 años, Daniela, cuyas palabras muestran claramente, la actitud que los colombianos debemos asumir y la idea de democracia que hoy queremos proponer. Daniela quería asistir a la segunda marcha gay-lésbica en Bogotá, el año pasado, la única pregunta que encontró su mamá ante la insistencia de su hija, fue "acaso eres gay para ir a una marcha de gays? A lo cual la niña contesta "Mamá, acaso tengo que ser negra para defender los derechos de los negros?


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