El sector rural2de América Latina, ha sido sometido en los últimos años a duras medidas socio-económicas donde se destacan, entre otras, la apertura a las importaciones de alimentos e insumos, la eliminación de mecanismos de protección a la producción interna y el desmonte de entidades y programas de apoyo al agro. Los más afectados por estas políticas han sido los pequeños y medianos productores.
Estos cambios no se dieron en forma bilateral, pues los países desarrollados no aceptan abrir sus mercados a nuestros productos. Nuestros gobiernos aceptaron una apertura unilateral e incondicional a los productos agropecuarios extranjeros. Al final los únicos beneficiarios han sido las Empresas Transnacionales y los monopolios nacionales de la rama agroalimentaria.
Colombia fue, durante muchos años, un país que mantuvo su economía a partir de la producción agrícola basada en el cultivo del café, la caña de azúcar y el banano. Con la implementación del modelo neoliberal el campo cobra especial importancia, no solo por su mano de obra barata y por la materia prima que éste produce, sino porque es un importante escenario en la construcción de grandes proyectos económicos transnacionales.
El más claro resultado de la aplicación del modelo ha sido la destrucción de la producción que servía para el consumo interno, dándose prioridad a la producción para la exportación como es el caso de los cultivos de palma africana, caña de azúcar, flores y algunas frutas exóticas. Según datos del DANE, en el período 1992-1996 la producción agraria decayó sensiblemente. Así por ejemplo el fríjol disminuyó un 28,1% en sus volúmenes de producción, la cebada cayó en un 57,9%, la soya en un 70,7%, el maiz tradicional un 41.3%, el maíz tecnificado un 33,7% y la producción de hortalizas cayó en un 32%. Dentro de estos productos encontramos unos tecnificados y otros de agricultura tradicional y tanto los primeros como los segundos fueron afectados, beneficiando a los grandes productores y comercializadores transnacionales. En el mismo período la producción de palma africana creció en un 53,4% y la de caña de azúcar en un 70,7%3.
El neoliberalismo nos ha llevado a la más profunda crisis de toda la historia, agudizando factores que históricamente habían sido problemas en el sector agrario, tales como la tenencia de la tierra, la violencia terrateniente y el abandono de la pequeña y mediana producción agrícola. Argumentan, frente a este último punto, que no somos rentables, ni productivos y que por tal razón tenemos que desaparecer, teniendo como último destino, la venta de nuestra fuerza de trabajo en las grandes haciendas y plantaciones o en el peor de los casos, el ser desplazados a las grandes ciudades, abandonando lo que hemos conseguido durante toda una vida. Hasta 1997 ya habían sido desplazados de sus territorios 1’106.787 campesinos4. Es una "modernización" a la brava, que arrasa nuestras culturas, comunidades y formas de economía que, sin ser satisfactorias, garantizaban el acceso a la alimentación de una buena parte de la población.
La conjugación de factores como la inequitativa distribución de la tierra, la priorización de la producción para el mercado internacional, el fortalecimiento de la dependencia alimentaria, el abandono del Estado, la violencia y la pauperización de los sectores campesinos, han traido como consecuencia el deterioro de las condiciones productivas y de capacidad de consumo, afectándose la posibilidad de mejoramientro de las condiciones de vida. Por todo esto, los derechos humanos no se han visto materializados para los campesinos ni para el pueblo en general, para quienes se tornan inalcanzables y en franco deterioro.
En Colombia las tierras están en manos de unos pocos ricos, los cuales poseen 5,7 millones de hectáreas. El proceso de concentración de la propiedad de la tierra, ocurrida en nuestro país en los últimos años, ha sido verdaderamente devastador. En 1997, el 45% del área total de los predios se encontraba en fincas de más de 500 hectáreas y estaban en manos de apenas un 0.3% de propietarios, mientras que un 97,3% de pequeños propietarios apenas tenían el 34,5% de las tierras5. Unas las han conseguido por Reforma Agraria y otras porque se las han robado a los campesinos mediante la violencia. En los últimos años el paramilitarismo ha contribuido de manera muy preponderante a que las mejores tierras del país se continúen concentrando en manos de los ricos, quienes son en últimas sus promotores y financiadores.
Asistimos a un proceso de mayor latifundización, agudizado por la apertura económica que quebró un número importante de productores rurales. La mafia del narcotráfico que compró gran parte de las mejores tierras del país (cerca de 4 millones de hectáreas), los grandes inversionistas nacionales y extranjeros que se apropian de las tierras con fines especulativos (donde el precio pagado por los predios no esta determinado por su productividad sino por sus posibilidades de valorización) y la acción de los grupos paramilitares, que por medios violentos expulsan a los pobladores rurales, vienen empeorando la estructura de la propiedad en beneficio de los más grandes propietarios.
Una preocupación importante de hoy tiene que ver con la presencia de los grandes consorcios transnacionales que se adueñan de las tierras y montan sus macroproyectos a expensas de la vida humana y natural. Tal es el caso de la Transnacional DOLE, empresa que controla el comercio del banano a nivel del mundo y que en los últimos meses ha comprado la mayoría de empresas productoras de flores de la Sabana de Bogotá amenazando agravar aún más la ya precaria situación de las trabajadoras de esta industria, e incrementando los niveles de destrucción de aguas y suelos mediante la introducción de tecnologías de punta basadas en nuevos agroquímicos. Los ejemplos se multiplican con la Corona Goldfields S.A que quiere arrasar con las selvas y ríos del Magdalena Medio en busca de oro y las petroleras Oxy y British Petroleum que ataca la cultura y territorio de las comunidades indígenas del pie de monte llanero.
En el nuevo papel asignado al país dentro de la globalización neoliberal, se le da prioridad a las telecomunicaciones y a la construcción de grandes proyectos viales, fluviales y marítimos que permitan sin obstáculos la circulación de mercancías y de capital por todas las Américas. Ligadas a estos proyectos de infraestructura se realizan en el país grandes exploraciones y expropiación de nuestros recursos biológicos y genéticos. Sobre éstos grandes macroproyectos Valderrama y Mondragón mencionan cuatro de gran impacto devastador:
La orientación de estos proyectos es, indudablemente, hacia facilitar el saqueo.
Según el Instituto Geográfico Agustín Codazzi, hoy la concentración de la tierra es más acelerada en los departamentos de Cesar, Bolívar, Caquetá, Valle, Quindío y Putumayo, a los cuales se puede agregar los departamentos de Meta, Casanare y Choco. Nuevamente coincide la presencia de megaproyectos, paramilitares, y desplazamiento.
El Estado argumenta que viene haciendo reforma agraria. Hace 4 años anunció el mercado de tierras subsidiado, el cual fracasó debido a que los terratenientes y narcotraficantes mantienen el monopolio de la tierra, encareciéndola o defendiéndola con la ayuda de paramilitares y fuerzas militares. Al Incora, se le ofrecieron solo medianas propiedades de segunda y tercera clase. Para completar, los pocos campesinos que reciben la tierra deben pagar la parte no subsidiada, 30% del precio de la finca, (que la mayoría de veces equivale al precio real de la tierra) y un crédito de producción con intereses altísimos (2 puntos arriba del DTF), por lo cual, apenas cumplen dos años de recibir la parcela, quedan a punto de ser embargados. Los campesinos pagamos tasas de interés más altas que las cobradas por la banca mundial a las transnacionales.
Si bien el problema de la producción agraria es delicado, éste se amplía al analizarse en relación con el problema agroalimentario el cual tiene que ver con las otras partes de la cadena que permiten que una persona consuma un alimento. Veamos lo que ocurre en la cadena:
Como decíamos, más arriba, aquí sólo se producen materias primas para las ETN, por eso los bienes básicos de la alimentación (alimentos estratégicos) como los cereales, las oleaginosas, los lácteos, las carnes debemos importarlas fundamentalmente de los E.U. En otras palabras para poder vivir dependemos alimentariamente de los Estados Unidos de Norteamérica. Dependencia es la característica principal de la situación agroalimentaria de nuestro país.
La apertura económica es una política dentro de la aplicación en Colombia del Modelo neoliberal, que afecta todos los sectores de la economía y en forma más dramática la pequeña producción agraria. Esta política es implementada por los capitalistas para favorecer sus intereses económicos y políticos a través de diferentes instancias como la Organización Mundial del Comercio –OMC-, Banco Mundial –BM-, Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico –OCDE-, el Banco Interamericano de Desarrollo –BID-, el Fondo Monetario Internacional –FMI- entre otras, dándoles a los países en desarrollo, el papel de productores de materias primas y de importadores de alimentos estratégicos, quebrando su economía y por ende, manteniendo la dependencia y sometimiento.
La crisis tiene un factor estructural de dependencia extranjera, pues los países ricos monopolizan la producción agrícola, imponiéndole a los países pobres la importación de alimentos y limitando el uso de la tierra a productos exóticos y secundarios como el café, las flores y algunas frutas.
La implementación de esta política económica por parte del estado colombiano y sus clases dirigentes, esta ligada a su concepción de modelo de desarrollo en contravía de los intereses nacionales y de las mayorías, destruyendo la seguridad alimentaria de nuestro país.
La apertura económica ha agravado la situación agraria y de paso arrastró a la quiebra a toda la economía nacional. La apertura ha estado acompañada de una concepción de ganancia especulativa, dándose privilegio a lo financiero sobre el sector real de la economía. Mientras que en 1990 el sector agropecuario representaba en el PIB el 21.85%, para 1996 había bajado a un 19,24%. Simultáneamente la participación del sector financiero, en el mismo período, pasó del 14.63% al 16.23%11.
Las mayores consecuencias de la apertura las podemos resaltar en los siguientes elementos:
En medio de la situación anteriormente descrita el derecho a la alimentación es totalmente vulnerado. Las capas más pobres de la población se ven impedidas de acceder a una nutrición apenas básica y por ello los niveles de desnutrición y de miseria han venido aumentando. Es decir la calidad de vida en general se deteriora aceleradamente.
Entre los principales obstáculos para el logro de este derecho en el país podemos señalar:
Estos obstáculos hacen del acceso a la alimentación un derecho que esta aún por conquistar ya que hoy no se cumple para las capas más pobres de la población colombiana.
La violación de este derecho esta en relación con otros derechos que son gravemente vulnerados en nuestro país como los son el de una salud integral, la educación y la recreación, por mencionar solo algunos. Bien sabemos que una alimentación deficiente contribuye en gran escala al deterioro de la salud y con el desmonte de los programas estatales los índices de mortalidad y enfermedad vienen aumentando. Igualmente en los hogares todos los miembros tienen que salir a trabajar para lograr alimentarse y eso obliga al abandono del estudio de los niños y a la imposibilidad total de acceder a actividades deportivas, recreativas y mucho menos artísticas.
Podríamos concluir que en Colombia hay una violación integral -para utilizar una palabra de moda-, de los derechos económicos, sociales y culturales.
Un ejemplo en la violación del derecho a la alimentación y de los DESC en general. En el centro oriente del país la transnacionales y sus paramilitares destruyen la vida y la cultura
Notas
1. El Coordinador Nacional Agrario es un proceso de reconstrucción del trabajo organizativo en el sector rural que reúne los esfuerzos de las siguientes organizaciones: Asociación de Pequeños Agricultores del Tolima -ASOPEMA-, Asociación de Campesinos del Centro del Valle -ACACEVA-, Federación de Agricultores y Mineros del Sur de Bolívar -FEDEAGROMISBOL-, Asociación Departamental de Usuarios Campesinos Arauca -ADUC-, Comité por la Integración del Macizo Andino Colombiano -CIMA-, Asociación Campesina de Anserma -ASOCAFAN-, Asociación Campesina de Antioquia -ACA-, Comunidad Indígena Camaguary Nariño, Sindicato Nacional de Trabajadores de la Industria de Alimentos -SINALTRAINAL- y el Instituto Nacional Sindical -INS-.
2. Lo rural da cuenta de una gran diversidad de actividades económicas y organizativas. En lo rural se entrecruzan hoy la producción campesina tradicional, la pequeña minería, la pesca artesanal y semindustrial, una gran cantidad de servicios desarrollados por grupos sociales específicos como son los transportadores y los técnicos agropecuarios, por mencionar solo los más visibles.
3. DANE COLOMBIA. Datos sobre producción nacional. 1997.
4. BANCO DE DATOS DE DERECHOS HUMANOS Y VIOLENCIA POLITICA. CINEP-JUSTICIA Y PAZ. 1998.
5. Rincón Claudia. Estructura de la propiedad rural y mercado de tierras. Universidad Nacional de Colombia, Santafé de Bogotá, 1997.
6. Valderrama, Mario y Mondragón, Héctor. Desarrollo y equidad con campesinos. Misión Rural. Santafé de Bogotá. 1998.
7. DANE COLOMBIA. Datos sobre producción nacional. 1996.
8. Monsanto ha adquirido últimamente a: Delta & Pine (la mayor productora de semillas de algodón del mundo), Dekalb (la segunda empresa productora de maíz de los EEUU), Holden (otra gran productora de maíz), Sementes Agroceres (una de las más grandes productoras de maíz del Brasil), AHP, que reune empresas como American Cyanamid y Wyet Ayerst y adquirió gran parte de la Cargill, la mayor comercializadora de semillas del mundo. Guidetti, Geri. La libertad alimentaria en peligro. En: Revista del Sur. Noviembre de 1998. Pg. 6-7. Montevideo.
9. DANE COLOMBIA. Encuesta de Calidad de Vida 1997. Santafé de Bogotá.
10. Departamento Nacional de Planeación, Consejería para la Política Social. Plan Nacional de Alimentación y Nutrición 1996-2005. Santafé de Bogotá. Pg. 22, 24.
11. Zamudio, Vicente y Burbano, Alfredo. Desindustrialización y Desagrarización ¿Hasta dónde es culpable el sector financiero?Instituto Nacional Sindical. Santafé de Bogotá. 1998.
12. DANE COLOMBIA. Encuesta Nacional de Hogares. 1997.