Cada una de las épocas de la humanidad han venido con su sueño. Tuvimos la fortuna de vivir esta parte de la historia en que el sueño mayor es el de la democracia, con su libertad, su igualdad y fraternidad, promulgadas desde la modernidad. Sin embargo este sueño no se ha cumplido; pero continuamos soñando. Soñamos, con los derechos humanos fundamentales. Y entre más caminamos en esta dirección, en la realidad de nuestras sociedades más se recrudecen las carencias, las desigualdades, la falta de libertad, y la guerra.
Frente a esta realidad de injusticia social y hambre, donde amplios sectores de la población están excluidos y marginados tanto de los procesos del desarrollo como de sus beneficios ¿cuál es la pertinencia de hablar de los derechos de hombres y mujeres que tienen una vivencia sexual diferente con respecto al modelo heterosexual?
Para responder a ésta pregunta debemos primero hacer claridad sobre quiénes son los sujetos que reivindican tales derechos. La población homosexual se le ha denominado también "minoría sexual".
El término minoría podría hacer referencia a un grupo numéricamente pequeño, pero este no es el caso de la población homosexual, dado que aunque no existen cifras con las que podamos hablar de manera exacta sobre la situación demográfica de esta población. Se estima que en Colombia representan el 10% de la población total censada. Según quienes han trabajado más en el área de DDHH el término "minoría" hace referencia a los grupos de personas que pueden necesitar más protección respecto de la mayoría dominante y quienes tienen un poder desigual, comparado con la mayoría dominante.
En tal sentido podemos afirmar que la población homosexual como minoría sexual, se define como un grupo de hombres y mujeres que por sus actitudes, comportamientos o prácticas, en razón del sujeto - objeto de su sexualidad, asumen conductas diferentes al resto de la sociedad, y que con base en tales diferencias son sujetos de exclusión y discriminación. Por ende, son sujetos que reivindican sus derechos dado que no tienen la posibilidad de ejercicio pleno de ciudadanía.
Pero, ¿qué impide un ejercicio pleno de ciudadanía? Aquí tendremos que iniciar una reflexión sobre las razones por las cuales gays y lesbianas no son sujetos de derecho, que nos lleve a indagar las ideas que circulan socialmente y que dan lugar a imaginarios frente a la homosexualidad, así como los mecanismos que los refuerzan e impiden la transformación de los mismos.
La homosexualidad ha sido definida desde diferentes ámbitos/instituciones que han jugado un papel importante en la invisibilización de este tipo de prácticas y en su respectiva represión y satanización.
Es el caso de la iglesia, y su cristianismo que desde tiempos remotos bajo el término "anti natura", satanizó todo tipo de conductas sexuales que no tuvieran por objeto la procreación y que no estuvieran legitimadas bajo el precepto del matrimonio entre un hombre y una mujer. Es decir excluyó la homosexualidad de manera rigurosa, connotando con ella el pecado, la lujuria, la destrucción y la muerte.
La medicina por su parte, desde su discurso positivista ha extendido una serie de hipótesis acerca de la naturaleza y origen de las "desviaciones sexuales", pasando desde los desequilibrios y predisposiciones neuroendrocrinas hasta hipótesis relacionadas con el tamaño del hipotálamo.
Otro caso es el de la educación que durante décadas se ha encargado de producir modelos pedagógicos ciegos a la sexualidad de los y las adolescentes, modelos dirigidos a normatizar el ejercicio de la sexualidad. La educación sexual queda muchas veces reducida a proveer información alarmante frente al embarazo y las enfermedades de transmisión sexual.
Y finalmente el caso de la psiquiatría y la psicología que han hecho toda una etiología de las enfermedades mentales, patologizando las sexualidades diferentes. Es más, hasta hace menos de 30 años la homosexualidad hacía parte del catálogo de patologías mentales y del comportamiento de la APA (Asociación Psiquiátrica Americana)
La homosexualidad se ha manejado en los diferentes ámbitos como algo oscuro, nefasto, sucio y patológico. Lo no deseable, lo que hay que esconder. Alguien decía : «Estamos recluid@s en el reino de lo invisible, de lo inexistente, o en el "mejor" de los casos, en lo que "es", pero de lo cual "no se habla"».
Si tenemos en cuenta la influencia que han ejercido estas instituciones sociales, en la definición de las sexualidades diferentes de la heterosexual, entenderemos la forma como se ha ido construyendo este imaginario social que se expresa en prácticas de discriminación, temor, burla, exclusión y rechazo social, y más allá en restricciones precisas al ejercicio mismo de la ciudadanía.
¿Pero por qué la homosexualidad provoca tal rechazo en nuestra sociedad ? ¿Por qué ha sido tan difícil para nuestra sociedad nombrar las relaciones amorosas entre mujeres y entre hombres como relaciones sociales y políticas ?
Es indudable que los grandes paradigmas de la modernidad han jugado un papel fundamental en la definición del sujeto, la familia y la sociedad y en el ordenamiento de las relaciones sociales.
Paradigmas que se han constituido en estructuras rígidas cuya función es negar cualquier alternativa rival que implique desafío a sus dominios, dando lugar a sistemas hegemónicos como el liberalismo y el patriarcado, entre otros.
El positivismo nos ha legado un modelo de pensamiento que nos ubica en una lógica binaria donde nuestro marco de interpretación se limita a solo dos posibilidades; el sujeto o el objeto, el yo o el otro. Estamos abocados a la dualidad e inmersos en el mar de los opuestos : verdadero o falso, bueno o malo, masculino o femenino, hombre o mujer, poder o yugo, imperios o colonias, verdugos o víctimas. Por lo mismo, nuestra psiquis ha sido negada a la diversidad.
De todos estos presupuestos emerge una noción única de sujeto. Con una identidad fija. Seres humanos biológicamente determinados para ser hombres o mujeres. Presupuestos que sustentan el modelo heterosexual como único referente válido de sexualidad humana. Y la familia como único modo posible de estructura afectiva y unidad social.
Algunas autoras que han aportado en el proceso de desnaturalización de la heterosexualidad ponen en cuestión su estatus de "opción sexual" llevándola al terreno de la obligatoriedad, en tanto modelo hegemónico. La heterosexualidad se instaura bajo el mandato dictatorial, en palabras de Monique Wittig: «Serás-heterosexual-o-no-serás».
Así las cosas, quienes, transgreden la norma instaurada están condenad@s a la invisibilidad, a la represión y al castigo. Carentes de una identidad socialmente reconocida, identidad construida difícilmente dada la ausencia de referentes simbólicos .
Por tanto, decir que las personas homosexuales pueden hacer un ejercicio pleno de ciudadanía, —entendida ésta como el ejercicio de los derechos civiles, sociales y políticos— es una tarea difícil
El concepto y las prácticas actuales de ciudadanía han privilegiado lo público como escenario de lo político, lugar de debate sobre los derechos universales e iguales para todos. Relegando lo privado a un segundo lugar, donde precisamente se sitúan las particularidades desde las cuales se construye lo individual. Lo privado, lo invisible, es entonces el lugar de lo diverso, donde transcurre la vida cotidiana, la vivencia de la sexualidad.
¿Qué mérito tiene el reconocimiento de las diferencias en lo privado si no existen espacios para la pluralidad en lo público ? Las lesbianas y homosexuales son sujetos de derecho, en tanto no hagan manifiestas sus preferencias en lo público. Una vez se sale del "closet" se corre el riesgo de perder el estatus de ciudadan@s: perder el empleo, ser discriminad@s por la familia, el circulo social cercano, ser blanco de arrestos o violencia sexual.
Aunque el Estado colombiano sea uno de los 171 Estados firmantes de la Declaración y el Programa de Acción de Viena, que en el artículo 5ª reconoce: «Todos los derechos humanos son universales, indivisibles e interdependientes y están relacionados entre sí. La comunidad internacional debe tratar los derechos humanos en forma global y de manera justa y equitativa, en pie de igualdad y dándoles a todos el mismo peso», en Colombia los derechos civiles, políticos y sociales de las "minorías sexuales" están siendo vulnerados a diario.
Los casos más patológicos de homofobia se expresan en asesinatos y arrestos forzados. Aquí cito a la revista EN PRIVADO que en su publicación de diciembre del 96 decía: "En Colombia desde 1986 se han registrado más de ochocientos asesinatos de hombres homosexuales, trabajadores sexuales y travestis, su único delito fue pertenecer a una minoría sexual".
Pero la discriminación también se hace evidente cuando por la opción sexual las personas se ven limitadas para gozar de los beneficios del sistema de seguridad social que no reconoce al compañero/a permanente. Para conformar parejas legalizadas por medio de ceremonias civiles o religiosas, a través de las cuales se adquieran los mismo derechos fiscales y sociales que un matrimonio heterosexual. Para adoptar, y el riesgo de perder la custodia de hijos de relaciones heterosexuales anteriores. Sin ir tan lejos, las lesbianas y homosexuales no pueden expresarse afecto en espacios públicos porque según el código policial colombiano, estas expresiones se consideran "inmoralidad en la vía pública", conductas que por supuesto tienen sanción. Aquí es cuando recuerdo los slogans de las marchas del orgullo gay en América Latina.
«La discriminación basada en la orientación sexual es una violación a los DDHH» - «no es delito, no es una enfermedad, no es producto de la inmadurez emocional» - «Derechos de los homosexuales son derechos humanos»
Estamos pues, y somos parte de un Estado homofóbico. En un sistema democrático relativo, donde el espacio a la diferencia es apenas nominal, donde lo diferente es tratado en calidad de desigual.
Oscar Ugarteche una de las mentes lúcidas de Perú, en el boletín Nª6 del Mhol (mayo/93) decía "... Las fobias son enfermedades. La fobia a los homosexuales, es una. La homofobia oficial no es enfermedad. Es política conservadora... El primer derecho humano es el derecho a la vida y la felicidad. Recuperémoslo."
Proponer alternativas que atiendan la contradicción que plantea el problema de los derechos humanos y su pretensión de universalidad versus el reconocimiento de las diferencias de las denominadas "minorías" sean estas sexuales, étnicas o culturales, supone pensar estrategias complejas, no lineales, antes bien, multidimensionales.
Dirigidas, por una parte a impactar las políticas sociales, lo que a su vez presupone afectar los modelos vigentes de ciudadanía. Y por otra parte, dirigidas a transformar las relaciones sociales, deconstruyendo los modelos hegemónicos, poniendo en cuestión el orden simbólico, para dar lugar a la emergencia de nuevos sujetos sociales.
En términos del ejercicio mismo de la ciudadanía, se trata de fortalecer los trayectos ya recorridos por diversos sectores de la sociedad civil, orientados a expandirla, en la dirección que propone Eduardo Bustelo, «como una propuesta socialmente inclusiva donde todos forman parte de la conversación, a través de la cual se desarrolla una comunidad de argumentos, que son claves para reducir los múltiples aspectos desde los cuales se reproduce la exclusión... En donde las personas no son "pacientes", es decir, objetos de tratamiento o intervención pública, sino actores en su doble dimensión individual y societal.» En donde el punto central de dicho proceso son los derechos sociales.
Apuesta que ubica a los y las ciudadan@s en un lugar diferente frente al Estado. Demandando de éste espacios para la concertación, la participación y el debate público. Lo que implica a su vez alcanzar altos niveles de conciencia con respecto a los derechos y deberes de las personas.
Lo que significa también abordar el problema que plantea la dicotomía público/ privado, en la línea que propone Iris Marion Young, "para la construcción social de una ciudadanía que tome en cuenta las diferencias, las que deben ser expresadas en el ámbito público como identidades grupales y no individuales." Y abrir la discusión en torno a la sexualidad y las libertades democráticas en la sociedad.
En términos de la emergencia de un nuevo orden simbólico que le de sustento a la transformación de las relaciones sociales centradas hasta ahora en prácticas misóginas, falocéntricas, homofóbicas y patriarcales, supondrá dar lugar al cambio de los paradigmas tradicionales de un sujeto único y determinado biológicamente.
Esto significa construir un concepto de sujeto, menos fragmentado y escindido, seres humanos capaces de caminar en el terreno de los afectos, y de reconocer en la diferencia y en la diversidad la oportunidad de crecimiento individual y colectiva.
Dar lugar a un nuevo orden que nos permita transitar, - como lo proponen las compañeras de la Fundación Mujer, Arte y Vida (MAVI)- "de las jerarquías, a las redes de relaciones; Del poder como sumisión, al poder como construcción colectiva; Del ser o no ser, al ser, estar y hacer parte; Del nihilismo, al re-encantamiento del mundo; De la guerra de los géneros, al ser reconciliado; De la rigidez, a la flexibilidad como fortaleza; De las estructuras, a los procesos dinámicos; Del tiempo lineal, a los tiempos plurales; De la selección natural, a la gran cooperación entre las especies; De la suma de las partes, al orden emergente." En pro de la construcción de nuevos sujetos sociales y culturales donde sean posibles y convivan las diferencias pluriétnicas y multiculturales .
«La necesidad de un cambio de paradigmas es hoy realmente una cuestión de supervivencia humana. Existe una posibilidad real de que nos aniquilemos
MAVI